martes, 22 de marzo de 2011

EDUCAR PARA LA AMABILIDAD.

Educar para la amabilidad es educar para el amor y la paz consigo mismo.
No hay que confundir actos de amabilidad como la amabilidad como actitud y valor, sentido y deseado .Todos podemos ser amables en ocasiones y por diversos y hasta oscuros fines, pero no sería amabilidad plena; sí lo es la referida a una disponiblidad permanente, libremente asumida y ejercida.

Para llegar a cultivar una profunda amabilidad, son convenientes sentimientos positivos como los siguientes:
Afecto: Sentirse aceptado y amado con sus cualidades y defectos. Percibir que sus padres y educadores han escogido amarle y respetarle.
Alegría como hábito: Mostrarse satisfecho de vivir, de amar, de compartir el tiempo con el educando, en una actitud divertida y desdramatizadora. Reír en familia con frecuencia y contagiar la alegría sin reservas.
Confianza: Creer en su capacidad, en su bondad, en sus aptitudes, permitirles que se equivoquen y transmitirles siempre el mensaje de que pueden vencer las dificultades, que seguiremos cerca para ayudarles, que con su esfuerzo e ilusión conseguirán lo que se propongan.
Aceptación: Dejarle ser persona, valorar su singularidad, estimularle a pensar por sí mismo, pero con honradez y respeto a los demás. Recordar las palabras de Kahil Gibran: “Tus hijos no vienen ti ti, sino a través de ti y aunque estén contigo, no te pertenecen. Puedes darles tu amor, pero no tus pensamientos, pues ellos tienes sus propios pensamientos”.
Seguridad: Manteniendo una actitud definida que permita al educando conocer nuestras reacciones y saber a qué atenerse (para ello es positivo que reconozcamos nuestros propios errores ante él).
Compartir actividades y ser y actuar como un amigo: Compartiendo también dificultades y alegrías.

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